18.1.13

A las Catas .



La tía Cata solía contar que su vecina Ramona, todas las tardes desde que empezaban los días calurosos, después de baldear el patio para refrescar los mosaicos del calor de la siesta, colocaba los sillones de hierro junto a la mesita con tapa de vidrio que completaba el juego, anticipando así la llegada del hombre de la casa después del trabajo. Parecía que volaba Ramona entre la escoba y las macetas que corría para que no quede rincón sin limpiar. Se apuraba 
pòrque  antes de que él abriera la puerta, Ramona se daba una ducha en el baño del fondo, tendía el batón y el pañuelo de la cabeza a lunares en la soga  detrás del gallinero. Peinaba su  melenita con la peineta de costado, se calzaba las sandalias blancas que compraba baratas en Liniers siempre en septiembre...Y con dos gotitas de Avant La Fete detrás de las orejas salía, luciendo "la solierita floreada", para ser novios todos los días un ratito...Y lo fueron por muchos años.

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